Las letras, 
estas letras, 
nunca han sido tan adversarias 
como en estos momentos... 
Míralas allí, divertidas, 
contemplando desde su gramática defensa 
mi derrota siciliana. 
Es este un abordaje que quizá logré 
pero fuera está ya 
del alcance de mis cuerdas. 
¡Ah, del enemigo!
Toda frase: 
repetida, 
vulgar, 
tan sosa y sin ritmo 
que la música se suicidó una noche a base de barbitúricos.
Los dedos, 
estos mis dedos, 
no saben lo que la cabeza, 
esa su cabeza, 
desea y la cabeza, 
esta mi cabeza, 
se consuela en la creencia 
estúpida 
de que los dedos, 
estos mis dedos, 
son los verdaderos culpables. 
Si yo...
Si yo fuera...
Si yo pudiera...
Si yo tuviera el tiempo...
Y me excuso en el tiempo que no tengo
y me excuso en las letras que no leo,
y me excuso en los libros que no poseo, 
en los diccionarios que no hojeo, 
en la cópula salvaje de las mariposas 
en la Antártida a cuarenta y ocho grados bajo cero cuando el sol, por fin, calienta un poco esta tierra gélida,
Y al final, 
pues es el final, 
al final esta escribir al final, 
como en tantos de mis pomas de penique.
Pues eso es esto 
un secreto sin voz 
y en el dia revisado 
acaba siendo 
un papel grasienteo garabatado 
con letra grande pero no lo bastante.
El miedo a la verdad
a que alguien alce el vuelo 
y estas 
mis letras 
no le sigan con su peso plomizo y gris
de cemento en medio de la autopista.
La verdad es que todo es tonteria.
La verdad es que todo es mentira.

Todo es, otra vez, un poema, poma, sin sentido ni valor.
Gracias por su tiempo.