Tratando de ser sensato
o quizá sólo coherente,
desciendo todos los días desde mis aspiraciones
para bucear en el cieno de las realidades.
Abro la puerta de mi hogar al nuevo,
tedioso, irritante, decepcionante,
pero nuevo día.
Y me asusto.
No comprendo como yo,
que iba a reinar asombrando,
o atravesar mares de lejana belleza,
posiblemente descubrir astros confusos
con monolitos bajo los que hallar mensajes ocultos,
me encuentro embutido en uniforme laboral,
arrancando miradas furiosas al enemigo,
mecanografiando asuntos y addendas
cuando debería buscar adjetivos latinos,
crear sinfónicas catedrales
o arañar el barro hasta darle forma de acero.
Pero he de ser un hombre sensato
(además de un comprador informado
y un votante compulsivo)
y escribir sólo reclamaciones de agua profunda,
cerrar las cortinas a los cantos de sirena,
abrir el grifo de la rutina tibia,
desconectar ese jazz libérrimo,
olvidar los poemas sin culminación
y consumirme, morosamente,
antes de morir apresado
por estas
excelentes
cadenas.

a veces no vemos, porque no sabemos bien donde mirar...
a veces no nos vemos simplemente.
un beso