Una poeta
Su silenciosa mirada de rosas amarillas,
Triste gesto de sombria ensoñación
Y los labios entreabiertos exalando el humo.
Solitaria como un libro ante sus hojas arrancadas,
Preñada por un marchito vapor desconsolado.
Nunca explicará, nunca pedirá perdón o indulgencia.
Recordará sólo unas manos atadas sobre su piel
Y el rodar de blancos dientes sobre su espalda
Vendiendo frases germinadas sin disculpa.


destino dijo
a veces no nos queda más remedio que hacernos duros, hacer un muro,
y dejar de sentir lo que no soportamos sentir.
un beso
4 Julio 2008 | 12:53 AM