Acabo de publicar un poemilla (poma de penique, como me gusta definirlos pensando en Joyce) pero he recordado que, a raíz de mi confesión sobre ser o no ser escritor, pensé en colgar un enlace sobre un relato que tengo danzando por la red desde hace un tiempo.

Recuerdo que tengo 34 y esto se escribió hace 12 años de nada. 22 años. La pasión, la desesperación y todo eso que hace que la juventud sea fantástica y estúpida.

El relato, éste, es largo, así que tened paciencia.