Este es el fin. Esto se cierra.
Pretender escribir todos los días es un acto de constancia, pero también es una renuncia, una valentía, un desperdicio, un lamento, un exceso, una crédula aspiración, un gesto pedante hacia la galería, un secreto sin cubrir, un llanto permanente, un vacío en sí mismo.
Escribir no es un oficio ni una afición. Escribir es una necesidad, un hábito o un acto mecánico, dependiendo del escritor. También es una habilidad, pero casi nadie la cultiva.
Como si fuera un jardín, como si fuera un camino a recorrer, cada día se exige un esfuerzo, se exige no dormir en tu cama, levantarme temprano y dejar tu cuerpo cálido bajo las mantas, para prepararme un café rápido y amargo. Exige adoptar una costumbre, abrir un cuaderno, empuñar un bolígrafo, abrir el portátil y sentarme queriendo tener algo que decir.
Qué decir. Qué narices decir.
Nada.
Esto ha durado poco, pero a mi me ha gustado.
Un saludo
Juanjo

Rapme dijo
Hasta cuando quieras, Juanjo. Un placer.
30 Octubre 2008 | 11:03 PM